Ir a donde te invitan: : El consejo que cambio mi vida me lo dieron mientras viajaba en Perú
Cuando decir sí lo cambia todo.
Hoy me acordé del día que bajé de un hike en las montañas en el que nevó y nadie lo vio venir.
Llegué congelada a mi hostal y con un dolor de cabeza terrible por la altura, pero tenía llegar a cenar algo y tomarme un té antes de dormir.
En la cocina me encontré a dos amiguitas que había hecho en el hostal los días anteriores.
La vida de hostal a veces de siente como la secundaria. Es rara. Hay grupitos y siempre tienes que estar pensando si vas a cenar sola o si vas a encontrar la posibilidades de sentarte con alguien.
Por suerte esa noche me encontré a Euge y Birute, tomando té igual que yo para quitarnos el frío que hacía esa noche en Cusco.
Mientras estábamos sentadas en ese comedor de hostal, Euge nos invitó a un evento en el que iba a trabajar como fotógrafa. Una ceremonia holística entre mujeres en un pueblo llamado Calca, no tan lejos de Cusco.
Birute no lo pensó ni 2 veces, ella dijo que iba. Tomó la invitación.
Yo lo dudé. Estaba exhausta. Llevaba semanas yendo y viniendo de un lado a otro, subiendo montañas, llena de frío, malcomiendo y sentía que necesitaba descansar. Un día para descansar. Así que me fui a dormir pero antes les dije que si lograba levantarme a tiempo, las acompañaba.
No dejé de pensar en el evento toda la noche. “¿Cuántas oportunidades como esta se te presentan cuando viajas?” “¿La voy a desperdiciar?”
Quería ir pero un miedo gigantesco de sentirme exhausta no me dejaba. Tenía pavor de pasármela mal y arrepentirme.
Me fui a dormir, puse una alarma. Me levanté. El cuerpo no me daba, pero la mente no me dejaba tranquila. Quería ir. Le pedía señales al universo desde mi cama de hostal. ¿Qué señal te va a llegar? ¿Qué señal vas a necesitar, Ana Sofía? “Párate y ve”.
15 minutos antes de que se fueran del hostal, les escribí “Sí las acompaño”. Me arreglé como pude, saqué energía de donde no la encontré y fui.
Llegamos a ese pueblito mágico en Calca. Recurrí a un café pensando que eso podría salvarme. Comí algo que quienes me conocen saben que eso hace toda la diferncia en mi humor. Después conseguimos un taxi en ese pueblito mágico pero un poco fantasma, para que nos llevara hasta el hotelito de la ceremonia.
Llegamos y era un jardín. Todo instalado a la sombra de un árbol. Los tapetes donde íbamos a sentarnos, estaban llenos de flores. Me fui acercando y escuché agua. El río Vilcanota corría por debajo de nosotras. Ya parada en el espacio armaron, vi como de fondo nos quedaban las montañas. Esas montañas que son tan sagradas en Perú y que no paras de subir cuando vas por los Andes.
La ceremonia fue de lo más bonitos y mágico que he vivido. Más allá de ser un acto espiritual, para mi fue más de autoconocimiento. Estoy infinitamente agradecida de haber ido y de haber aceptado la invitación a pesar de todo el cansancio que sentía.
Conforme pasó el tiempo, Birute y yo nos seguimos viendo y viajando juntas pero nunca se me va a olvidar como en otra situación en la que estaba dudosa de ir, le mandé mensaje para que me diera su consejo. Nunca se me va a olvidar como me escribió que cuando viajas “It’s a must to go where you are invited”. Ese consejo creo que me cambió la vida y lo aplico para más que solo viajar.
Ir a donde estás siendo invitado, qué hermoso.
Ahora, acepto las invitaciones que se me hacen siempre que mi corazón las quiera. Por más cansancio o locura que sienta que es, si quiero y hay algo que me llama, acepto la invitación. Si la gente me ofrece y me abre las puertas, yo aprendo recibir.
Y ya que o reflexioné, ese día de la ceremonia, eso hice. Acepté la invitación y fue uno de los días más mágicos de mi vida.
La noche cayó mientras bailábamos. Nunca se me va a olvidar cómo volteaba a ver las estrellas y sentía que nos acompañaban, que se alegraban de vernos bailar. Ahí ya no existía la prisa, el cansancio, ni siquiera nos preocupamos para ver cómo regresar a nuestro hostal y todo se dio.
Vi el atardecer en esas montañas y como se pintaban de rosa mientras iban desapareciendo entre la noche que nos alcanzaba. Seguían ahí igual que ese río, era como si estuvieran siendo guardianes y testigo de todo lo que pasaba.



Todas teníamos flores en el pelo. No había frío que nos importara. Ibamos y veníamos por el jardín. Las estrellas nos cuidaban.
Mi corazón lleno y contento de haber aceptado la invitación, porque me dio más miedo pensar lo que me pude haber perdido por el miedo a haber estado cansada.
Y con esto, solo tengo ganas de decir, que a veces, vale la pena aceptar la invitación porque hay experiencias que hacen que se borre el cansancio. Yo desde ese momento me he dado cuenta que aceptarlas me ha llevado a lugares que jamás pensé y que son los que me han hecho tener los mejores recuerdos de mi vida.
Así que si les llega la invitación y algo en ustedes dice que sí, tómenla. Quítense la pena, el miedo, el cansancio, o vayan con todo y eso, pero nunca te arrepientes de una invitación genuina. Si desde un inicio, no la sienten esa no era una invitación para ti.
Esta es solo una mini reflexión que me vino a la mente de ese viaje hermoso que hice por 60 días en Perú. Aquí puedes leer todas las cartas que escribí en ese momento y no puedo creerlo pero, la vida me hizo regresar a Perú así que después de un año, volveré a estar por ahí en Septiembre.
Con amor,
Ana Sofía






Me encanta leerte <3 Gracias por tus letras.